Correcto: Perfil y frente correctamente convexos en el sentido Anteroposterior y transversal.

Chato: Perfil y frente faltos de convexión en los Sentidos especificados.

Globoso: Perfil y frente excesivamente convexos en ambos sentidos.


El Dogo Argentino es un animal muy armónico y balanceado. Ello se refleja también en las proporciones de su cabeza. Por lo tanto es lógico que la distancia entre el occipucio y la sapiencia de los huesos orbítales que demarcan la iniciación del hocico sean de igual extensión a la existencia entre ese punto y el borde interno del labio. Lamentablemente el estándar omite expresar en esta parte que el hocico, por se el de un perro de gran olfato, el de un venteador de altura, debe de levantarse levemente del stop hacia la nariz, marcando una línea ligeramente cóncava.
Obtiénese como resultante de la relación cráneo-hocico, que el perfil de la cabeza es convexo-cóncavo.

El color de los ojos cobra singular importancia, ya que en base de ellos se puede llegar hasta la descalificación de un ejemplar, si bien aquí no se lo menciona, en las especificaciones insertas al final de estándar se determina que aquellos Dogos que posean ojos zarcos deberán de ser descalificados.
Como la cuestión cobra tal magnitud y ha sido objeto de muchas interpretaciones, nos extenderemos algo en su consideración.
La palabra zarco figura en todos los estándar del Dogo Argentino conocidos hasta la fecha. Pero tratemos de ver qué quisieron decir tanto Antonio Nores Martínez, en el primer estándar elaborado en 1.928 y en el oficial, que está vigente en la actualidad, del que es autor Agustín Nores Martínez, y que es el aprobado por todas las instituciones nacionales e internacionales.
Para todo hombre de campo el vocablo en cuestión se aplica a aquella persona u animal que presenta sus ojos de diferente color azul o celeste.
Si bien el Dr. Agustín Nores Martínez, en su obra El Dogo Argentino, sostiene que zarco significa la desigualdad de color, lo que parecía dar por acotado el tema, en un coloquio celebrado en Santa Rosa, capital de la provincia de La Pampa el 4 de diciembre de 1.977, en la comodísima residencia del señor von Der Lancen y del que fuimos partícipes miembros destacados de las dos entidades que en el momento nuclear el dogo Argentino, el coautor de la raza admitió nuestras tesis, en el sentido que debía darse lugar ambos significados; lo que se apoyaba en el razonamiento lógico que el Dr. Antonio Nores Martínez, si bien conocía el lenguaje de nuestros criollos, también dominaba, como hombre culto que era, la significación del vocablo en nuestro idioma castellano, por lo que los zarcos a descalificarse serán aquellos animales que posean ojos de colores desiguales o azules claros. También se tuvo en cuenta el razonamiento fundado en conocimientos científicos, que los colores eliminatorios son probadamente acordes a una indeseable inestabilidad de carácter.
El condescendiente temperamento adoptado por el Dr. Nores Martínez obtiene una resultante de coincidencia con lo acordado en la 1ª Convención de Jueces Especialistas del Dogo Argentino, reunida en marzo de 1.977 en la ciudad de Rosario, y que cuyas resultas, tal vez lo mesuradas y beneficiosas para la raza y la concordia de los bandos en disidencia, nunca fueron publicados. Debemos confesar que, para los que participamos en esa convención ungidos por la buena fe, desprovistos de intereses personales y politiquería, este ocultamiento de las conclusiones nos resultó desalentador. Pero aparté nomos de estas pequeñeces y lleguemos a conclusiones constructivas. Sintetizando todo lo antedicho: sólo son descalificatorios aquellos ojos que son desiguales o que se incluyen entre las variaciones del azul claro (celeste, azul grisáceo, celeste verdoso, etc.)
Por el contrario solo restan puntos los ojos claros, debiéndose castigar con más severidad cuanto más se apartan del negro o marrón oscuro, para llegar a gamas hasta el amarillo muy claro.
Sin la pretensión de haber agotado el tema, pese a la extensión dedicada pero con la convicción de haber aclarado suficientemente el panorama, pasamos a referirnos a otro aspecto: el referente al tamaño y forma de los mismo sobre lo que el texto no dice nada.
Los ojos, al ser encapotados como lo determina es estándar, han de presentarse como algo pequeños a la mirada del observador, de forma más bien triangular y con una sensación de gran penetrabilidad. Eso le da la mirada viva e inteligente, pero con marcada dureza requerida.

Al decir bien adaptados sin prognatismo debemos interpretar como correctas las mordidas en pinza o en tijera, siempre y cuando los colmillos se crucen bien al hacer presa. Pero lo ideal es que el dogo muerda en pinza, ya que siendo su principal misión la de retener al enemigo e inmovilizarlo para que el cazador lo ultime, es preferible esa mordida ya que cuando se quiere agarrar algo se hace mediante una pinza o tenaza, mientras que la tijera se hace cuando se quiere cortar.
El prognatismo es la falta de coincidencia de ambas mandíbulas. De manera que puede haber dos formas de prognatismo; cuando la mandíbula inferior supera a la superior o cuando ésta sobresales notoriamente a aquella. En el primer caso se dice que existe prognatismo inferior y en el segundo que hay prognatismo superior, lo que en lenguaje algo más técnico se denomina respectivamente prognatismo propiamente dicho y enognatismo. Ambas faltas producen la descalificación del ejemplar que las posee.
Daba la importancia que cobra el defecto se debe ser muy prudente en su apreciación, ya que en muchas oportunidades hemos visto confundir una mala inserción de dientes con el prognatismo. Perdónesenos que seamos reiterativos y expresemos que la falta de coincidencia debe ser de mandíbulas. Los dientes desviados solo restan puntos, no descalifican.
Corresponde manifestar que los incisivos deben estar en una línea lo más recta posible, pues ello amplia el frente de la cara distanciando los caninos del lado derecho de los del izquierdo, contribuyendo estéticamente a dar cuadratura al hocico y funcionalmente le permite abarcar más superficie cuando hace presa. Por otra parte las mandíbulas en ojiva o de poco frente corresponden a perros de maxilares débiles y, por lo tanto, malos mordedores. Dentro del tema de este capítulo debemos mencionar un detalle al que no se presta la debida atención: el paralelismo que debe existir entre ambos maxilares examinados desde su frente.
Cuando menos paralelismo haya, menos apretará la mordida, conspirando contra la potencia de agarre.
Como el estándar da importancia a los dientes, Nores Martínez en su excelente obra El Dogo Argentino le dedica un comentario a estos, pero en una parte del mismo sostiene que no tiene importancia el número de molares.
En este punto no estamos de acuerdo en un todo con nuestro maestro.
Si bien no hay que magnificar la significación del defecto de falta de molares, tampoco hay que restarle toda importancia, porque si así lo hacemos y cruzamos animales con la expresada falla en ambos individuos y que con casi seguridad descienden de otros que tenían la misma carencia, llegaremos a tener un Dogo cada vez más desdentado, lo que conspiraría contra los dictados de la Naturaleza.
Por otra parte, a la teoría de que los ejemplares que tiene un hueco producido por la falta comentada muerden mejor que los que tiene todas las piezas dentaria, se opone la opinión de algunos criadores que han observado que los perro sin premolares no son afectos a morder los huesos que se le proporciona en la alimentación, lo que trae consecuencia una menor ejercitación de los músculos masticadores y un posterior menor desarrollo de estos, resintiéndose la potencia de mordida que se quiere conseguir.
Considerando ambas opiniones llegamos a la conclusión de que la falta de molares de debe ser rigurosamente penalizada, pero cuando hay paridad entre dos Dogos, sobre todo en las Exposiciones, debe darse preferencia al que tiene toda su dentadura.

En este punto no hay lugar a dudas. La nariz debe estar bien pigmentada de negro. Es decir, debe ser totalmente negra y las despigmentaciones, el blanco y el rosado deben ser severamente castigados hasta llegar a la descalificación en los casos de narices blancas o muy manchadas de blanco.
Respecto al requerimiento de stop en la punta de la trufa o nariz, es armónico con la línea convexa que deba tener todo el hocico, siendo esta la culminación de esa curvatura.
No sabemos si por considerarlas incluidas en las descalificaciones generales que alcanzan a todas las razas o a una simple omisión, no se han mencionado en esta parte de estándar a las narices partidas y los labio leporinos, que indudablemente debieron ser considerados como índices degenerativos y debieran producir la eliminación de los ejemplares que posean este defecto, tanto de la cría como de las exposiciones.
Esperemos que si se redacta un nuevo estándar de la raza se los mencione entre las descalificaciones. Por ahora los jueces deben limitarse a penalizar con tal severidad que implique, prácticamente, una eliminación de la competencia y los criadores prescindir por completo de ellos.
El Dr. Agustín Nores Martínez en su libro El Dogo Argentino al comentar lo referente a la nariz dice La nariz partida o labio leporino es motivo de descalificación, olvidando de éstas sólo pueden efectuarse cuando están expresamente consagradas en los estándar c son de orden general para tosas las razas, lo que no ocurre en este caso.
Las orejas erectas o semirrectas, volcadas en la cima de la cabeza y cortadas, no responden únicamente a un antojadizo criterio estético, sino que están encuadradas dentro de los cánones de la funcionalidad que gobiernan toda la cinología.
Con este tipo de orejas se trata de evitar que en la lucha con sus contendientes, éstos puedan hacer presa en ellas provocando dolorosas e incomodas heridas, ya que se trata de una zona muy irrigada y sensible.
También, cortadas y erectas cobran una útil movilidad que no poseen las orejas colgantes y la aireación del oído es mayor favoreciendo la higiene y sanidad, eliminando en gran parte las otitis tan comunes en los oídos faltos de ventilación.
Teniendo en cuenta estas consideraciones el redactor ha sido riguroso exigiendo en el estándar la descalificación de aquellos ejemplares que se presenten en las pistas de las exposiciones sin haber llenado este requisito.
Con el requerimiento del labio corto y tirante se trata de evitar que cuando el perro haga presa el labio obstruya la respiración supletoria que realiza por sus comisuras labiales posteriores, cosa que ocurriría con un labio pendular, que obraría en este caso como una verdadera válvula, obligándolo a largar ante la sensación de asfixia.
También aquí se emplea justificante severidad y si el labio es muy pendular, como dice el estándar en sus últimos párrafos, el sujeto debe de ser descalificado.
Aclaremos quo no basta que el labio sea algo colgante. Esto constituiría una falta, sino que la condición requerida para llegar a la descalificación es que sea de tal gravedad que a simple vista se aprecie que va a producir la obstrucción respiratoria en la circunstancia expresada más arriba.
Fisiológicamente el occipucio es la superficie de inserción de los músculos que reúnen la cabeza con el nacimiento del cuello. Como estos músculos deben ser bien desarrollados, borran por completo la prominencia ósea, apreciándose una curva que continúa la de la convexión del cráneo para proseguir por el cuello. Lo que hace que el contorno superior, que se inicia en el arco superciliar, llegue hasta la cruz sin brusquedades.
Hemos trascrito y glosado el estándar en lo referente a la cabeza, pero creemos que esta obra, que pretende ser didáctica, no cumpliría su cometido si no tratáramos de demostrar cuales son las regresiones atávicas más frecuentes de esta parte de la anatomía del Dogo Argentino.
En aras del propósito anunciado, es que, con nuestro sistema de dibujos, en los cuales exageramos hasta lo caricaturesco, a fin de servir de base comparativa y en espera que el lector al realizar el examen analítico de un perro llegue a la conclusión que, cuanto más se parezca a algunos de los diagramas que insertamos como regresivos más lejos estará del Dogo ideal, debiendo desechar a esos ejemplares que denuncian la presencia dominante de genes nada deseables.


El redactor de estándar al decir grueso, de ninguna manera quiso significar grosero, tosco. Por ello agrega inmediatamente arqueado y esbelto. Lo que se desea expresar es que el cuello no debe de ser débil y excesivamente largo como el de cisne, pero tampoco corto y pesado, como el de toro.
La unión del cuello con el cuerpo debe demostrar potencia, ya que los más fuertes músculos que mueven los miembros anteriores se insertan en él.
Al requerir que la piel de la garganta debe ser muy gruesa y haciendo arrugas quiere significar que el Dogo debe poseer una buena papada, ya que encontrándose debajo de ella la vena yugular, cuando la garra o el colmillo toman esa parte, su tejido laxo permite que el cuero elástico se estire mucho, resultando sólo herida la piel y posibilitando que el perro pueda hacer presa.


Un perro de caza mayor tiene que cubrir distancias a velocidad elevada para alcanzar en cualquier tipo de terreno a su presa y sostener la terrible lucha subsiguiente, es lógico que deba poseer una excelente capacidad pulmonar, y ello se manifiesta en la caja que tiene dichos pulmones y el corazón, que comparte con ellos la fragosa tarea. Por eso la exigencia de que sea amplio y profundo.
Esto se cohonesta con lo que prescribe al referirse al tórax, que debe ser amplio, visto de lado, rebasa su borde inferior a los codos
Es decir que vista de frente o de perfil la caja torácica debe de superar la línea de los codos y tener una buena amplitud.
Sin embargo no ha de permitirse ningún detrimento de esa amplitud sin ser castigada, ya que en el primer caso se ve disminuida la capacidad pulmonar y conspira contra el tamaño y funciones del corazón y en el segundo, exceso de amplitud, se dificulta la inserción de la escápula y la posición del húmero en el ángulo correcto, necesario para el movimiento.
Un defecto que engaña es el pecho de paloma, porque el animal visto de perfil aparece, para el ojo poco experimentado, como normal, pues sobrepasa el codo, pero visto de frente se presenta como colgante y enangostándose de golpe hacia el esternón.
En cuanto al antepecho, este debe de ser sobresaliente, dando la sensación de potencia que lo hace imponente.
Permítansenos una reflexión acorde con el tema; no debemos olvidad que los pulmones ocupan un espacio igual al de todos los demás órganos, y en su mayor parte se alojan en el pecho.
Como el perro carece de clavículas, la espalda la constituyen las escápulas u omoplatos, que se articulan con el húmero aproximadamente a 90º y siendo la inclinación de ellas respecto a la columna vertebral de unos 45º. La sobresaliencia que producen ambas escápulas a terminación del cuello se denomina la cruz.
Todo este sector que constituye la espalda del perro debe ser alta, muy fuerte y de grandes relieves musculares. Como el Dogo ha de constituirse en un verdadero atleta, se explica perfectamente el requerimiento, ya que allí se insertan los músculos que interviene en la marcha y participan de los grandes esfuerzos que debe hacer el perro contra sus oponentes en la lucha que le es propia.
Deben ser tan prominentes los músculos que, conjuntamente con los situados en el otro extremo del cuerpo, la grupa, producen a simple vista impresión de que el dorso fuera ensillado por estar bastante más bajo que el contorno de esa musculatura.
Al referirnos al pecho nos hemos ocupado de este acápite, por lo tanto nos remitimos a lo allí expresado.
La breve enunciación es de tal claridad que parece innecesaria cualquier explicación. Sin embargo vamos a ampliar aquí esas expresiones con conceptos que creemos correctos que creemos corresponden emitir a efectos de que la visión de nuestros lectores sea bien amplia al respecto. La columna debe ser recta, sin curvarse hacia abajo (ensillarse) ni arquearse hacia arriba (como el dorso de camello).
Lo dicho cobra importancia porque a menudo se confunde el desnivel que provocan los músculos de la parte anterior y posterior del perro, como lo explicamos al referirnos a la espalda, con el verdadero ensillamiento producido por un defecto de la columna.
Este requerimiento del estándar concuerda con todo lo solicitado en materia de musculatura. Ante una buena masa muscular, el riñón pasa desapercibido.

Los miembros delanteros deben de ser rectos, paralelos entre sí, revelando buenos huesos y aplomos, sin dedos largos ni abiertos.
Los metacarpos deben tener una levísima inclinación, imperceptible desde adelante y apenas apreciable de perfil, pero lo imprescindible como para desviar la transmisión al cerebro de los golpes sobre el piso producidos en el transcurso de la carrera.
Almohadillas plantares mullidas y de suelas gruesas y ásperas, como para desempeñarse en cualquier terreno sin lastimarse en el duro piso de las zonas pedregosas o de montañas ni en la espinosa maleza del monte.

La breve enunciación no coincide con la importancia que tiene en el Dogo su tren posterior, ya que el cuarto trasero es propulsor, sin ninguna duda, y el delantero colabora en dicha propulsión.
Teniendo en cuenta lo expresado, lo que el estándar reclama es una buena masa muscular de muslos, debiendo dichos músculos ser firmes y trasuntarse a través de la piel, dando la sensación de potencia que realmente debe de conferir el perro.
En cuanto a la angulación de las patas, no ha de olvidarse que deberán ser suficientemente buenas como para propulsar al perro en la carrera. Pero también han de tener presente que deben realizar esfuerzos en sentidito contrario al de la marcha cuando sostiene al contrincante, forcejeando para evitar la huida.
Es decir que al invertir la fuerza de la palanca de angulacion, no puede ser igual a la del Ovejero Alemán, que, en razón de la función a la que se lo destina, su movimiento principal es hacia delante.
De manera que llegamos a la siguiente conclusión: la angulación trasera suficiente como para permitirle desplazarse ágilmente en la marcha, pero sin llegara ser tan exagerada que le impida trabajo de retención en la lucha, que es su principal tareas.
Los corvejones serán paralelos, bien aplomados, sin juntarse, como en las vacas, ni separarse demasiado dando la sensación de ser duelas de un barril. Siguiendo los principios de dinámica esbozados, se les prescribe cortos.
El perro tiene sólo cuatro metatarsianos. El píe posterior no tiene pulgar. Sin embargo a veces desarrollan algo así como dos pequeñas falanges, que serían como las prolongaciones de un metatarsiano rudimentario. Este falso dedo recibe varias denominaciones: espolón, dedo aberrante, uña cazadora, etc. Algunas veces también llega a duplicarse, es decir, constituye en doble dedo aberrante
Si bien ni anatómica ni estéticamente resultan un gran inconveniente, esos dedos aberrantes en perros que, como nuestro Dogo, deben realizar sus trabajos de cacería entre la maleza, pueden causar mucho perjuicio al enredarse y producir heridas durante la marcha en búsqueda del natural oponente.
Por eso no hay que exagerar su importancia y eliminar de la competencia ni de la cría los perros con dedo aberrante. Debe en el primer caso restársele puntaje y en lo segundo no insistir en cruzamientos donde ambos canes presentan ese mismo receso atávico.
En cuanto a los cachorros que nacen con ese defecto, han de ser operados en los primero días de vida, en lo que la eliminación de ese apéndice es completamente fácil si se observan las condiciones de asepsia a higiene.
La cola es un gran complemento funcional, ya que le sirve de timón y contrapeso que equilibra al perro en las cerradas curvas que se ve precisado a realizar en la persecución de sus presas. Una vez alcanzadas éstas, enfrentados en la lucha la cola desempeña un importante papel como punto de apoyo y sostén, cual si fuera una quinta pata, con la ventaja de que su articulación vertebral la hace flexible.
Dadas esas funciones es lógico que se le exija larga y gruesa.
(Trataremos es punto conjuntamente con la altura)
Consideraremos que, dada la gran concordancia entre este y el punto precedente, es conveniente tratarlos en conjunto. Entramos aquí en uno de los terrenos más delicados y sobre el que han mantenido las más enconosas divergencias entre quienes se interesan por la raza.
Apresurémonos a decir que esta prescripción reglamentaria no figuraba en el primer estándar que redactara el Dr. Antonio Nores Martínez y que fuera publicado en la revista Diana y que el lector tiene a su disposición, reproducido en las páginas de esta obra con fidelidad que certifica el señor escribano D. Jorge Cervini. Con lo que queda desvirtuado el contenido de unas copias fotográficas que circularon con pretensiones de autenticidad y que presentaban, burdamente agregados con máquina de escribir, limites de altura. Esto no merece llamarse ni siquiera falsificación dada la forma infantil en que se hizo la añadidura.
La única referencia que hace el Dr. Antonio Nores Martínez se encuentra insertada en el comentario previo que apuntala ese estándar, donde el cinólogo expresa: he tratado que el Dogo Argentino sea un mesoforme o normo-tipo y un macrotalico, dando preferencia a los de mayor talla, es decir, un perro pesado entre las razas de presa.
Dejando libertad para quien deba juzgarlo solo tenga por límites, dentro de lo expresado precedentemente desde al punto de vista morfológico la armonía en la proporción y desde el punto funcional la euritmia o sea la normal correlación orgánica, que se traduce por una mayor capacidad de fuerza.
Como puede apreciarse la prudencia gobierna los requisitos, demostrando que el equilibrio cerebro del imaginativo percusor le dicta que no ha de ser limitativo absoluto, ni centimetral estricto, ya que lo importante el la proporción, la armonía funcional y no estricta medición de los que, por no tener conocimientos suficientes o el golpe de vista imprescindible, necesitan, como los bolincheros, el metro o la balanza en espera de que lo que natura no les dio se los preste el sistema métrico decimal.
Porque no es posible admitir el temperamento de una centímetro decida sobre la descalificación de una animal, Por ese camino llegaremos a hacer los juzgamientos mediante computadoras, lo que es notoriamente ridículo.
Ya hemos dicho cual es la idea que tiene el creador de la raza sobre lo que es un mesoformo o normo-tipo. Sintetizando podríamos resumirla de la siguiente manera: perro armónico y proporcionado.
Pero veamos cual es el concepto que el Dr. Nores tiene de macro-tálico. Lo define en el mismo trabajo: los que poseen gran talla.
No dudamos que a conciencia se pueda sostener que un macrotálico sea un perro de 60 centímetros o el que pasa los 65 sea un gigante.
Todas las divergencias se suscitan en torno a la inclusión, por parte de Agustín Nores Martínez, de las medidas precitadas en el estándar que hizo aprobar por las diferentes instituciones. Pero ello sólo se debe a que, presionado por los centimetristas y queriendo dar una idea más o menos concreta de lo que es un Dogo mediano a los que desconocían totalmente la raza cae en la trampa de establecer un máximo y in mínimo que no son realmente limitativos.
El hecho que no se haga del exceso de medida un motivo de descalificación apuntala definitivamente lo anteriormente expresado.
De las manifestaciones de los autores de la raza se despende que el límite hacia arriba no está fijado en centímetros sino por la condición de que no se ocasione desproporción corporal, como se significa en el rubro descalificaciones de ambos estándar. Basta consultar el diccionario de nuestra lengua para enterarnos que desproporción es la falta de proporción y que proporción es disposición, conformidad y debida correspondencia de las partes de una cosa con el todo.
De manera que la desproporción corporal castigada es la falta de la debida correspondencia entre las diferentes partes del cuerpo, no la excesiva altura como se pretende querer hacer decir a los redactores, que han sido suficientemente claros.
Es indudable que los perros de mayor estatura tendrían mayor dificultad para conservar la armonía requerida, ya que cuanto más aumenta o disminuyen los tamaños de los seres vivos, mayor es la dificultad para obtener proporcionalidad entre sus diferentes partes. Esto está científicamente demostrado.
En cuanto al mínimo que se establece en las descalificaciones de estándar de Agustín, está motivado por el enorme temor a la disminución del tamaño que él, compenetrado d e las ideas de su hermano y como gran cazador que es, no puede dejar de evitar por todos los medios.
Otra de las objeciones a que queremos responder es la que se hace a los canes de mayor talla desde el punto de vista funcional.
Se sostiene que los más grandes no tienen la habilidad y la resistencia de los más pequeños. (….falta una línea)…. Se ponen ejemplos de Dogos que generalmente son patilargos o evidentemente pesados. Es decir, desproporcionados, y es por ello que no son los más adecuados para cazar durante jornadas prolongadas o de gran rudeza.
El vocablo manto lo usa aquí el redactor de estándar para significar todo el pelaje del perro que cubre su cuerpo, con excepción de la cabeza. Es decir, que está ubicado detrás de la línea imaginaria que partiendo del occipucio pasa por las orejas y sigue en círculo por la prominencia posterior que demarcan los músculos masticadores. Para los que entienden de caballos, diríamos que este límite lo fija el llamado fiador en los equinos.
La opinión emitida resulta igualmente clara en el comentario con que Agustín Nores acompaña la disposición, así como el texto elaborado por su hermano Antonio, ya que ambos dicen que el manto debe ser completamente blanco o integramente blanco.
Las manchas negras u oscuras del pelo de cualquier parte del cuerpo descalifican, así como la presencia de más de una mancha en la cabeza.
Decimos intencionadamente cabeza, pues estamos convencidos que, descuidando la precisión del éxico usado en el articulado de la redacción que comentamos, el Dr. Agustín Nores dice cara olvidando que él mismo ha fijado su concepto separando el cráneo de la cara u hocico. De esto podría deducirse que las manchas sólo serían penalizables si estuvieran radicadas en esta última zona, lo que es contrario al espíritu de la disposición.
En ambos casos, sea en el cuerpo o en la cabeza, habrá de considerarse manchas a las que tienen alguna importancia y no pequeñas pecas aisladas, que son indeseables cuanto más numerosas sean, pero no alcanzan para ser descalificatorias.
Son también penalizables los ejemplares que tengan la piel muy manchada de negro, dado el carácter atávico de esa pigmentación excesiva, que hace peligrosa las crías, máxime si se cruzan ejemplares de ese mismo defecto.
En la actualidad la falta antedicha debe penalizarse agravando la sanción según la intensidad y profusión, pero sin llegar a la descalificación como lo prescribía el primer estándar de 1.928
Aún cuando el estándar y sus comentarios nada dicen con referencia al pelo en sí, tengamos presente que este debe ser corto, áspero y brillante.
El pelo largo ha de castigarse, pues es una regresión al Mastín de los Pirineos o al Irish Wolf Hound. Por ello es descalificable.
Son poco deseables los mantos de pelo sedosos o lanosos.
MOTIVOS DE DESCALIFICACION: Los mencionados en el primer estándar son los mismos que los expresados en el actual, pero este le agregó a la prohibición de las narices blancas las muy manchadas de blanco, y a la del prognatismo, la razonada aclaratoria sea inferior o superior, con lo que quedan eliminados los con prognatismo propiamente dicho y los con enognatismo.
A la proscripción del labio péndulo se la transforma en labio muy péndulo.
Se adiciona la cabeza agalgada, que creemos que hubiera estado aún mejor incluida si se hubiera agregado toda otra atípica o regresiva a las razas que le dieron origen. Porque tan importante es la regresión al Galgo como al Bulldog o al Pointer.
Indudablemente que las cabezas descalificables deben ser las que tienes un marcado atavismo que las hacen poco funcionales y no aquellas que presentan una levísima inclinación a los antecesores, en cuyo caso es sólo un defecto que puede restar calificación.
También encontramos en este importantísimo enunciado de condiciones descalificatorias las orejas largas (sin recortar), que si bien el Dr. Antonio Nores Martínez no las incorpora en el texto de las vedas eliminatorias . Al referirse a orejas dice deben presentarse cortadas siempre, lo que interpretado, puede considerarse similar.
Y nos toca aludir a un tema que, por urticante y debidamente aclarada nuestra fundada posición, no creemos necesario volver a comentar : se elimina los machos y hembras que tengan una talla inferior a 60 centímetros. Respecto que esta medida fue fijada ante el fantasma de una posible perdida de tamaño, esencial para el cumplimiento de la labor funcional del Dogo.
Finalmente se adiciona la frase el dedo aberrante le resta puntos, sin llegar a la descalificación. Lo que de por sí está diciendo que su inclusión al apartado es totalmente extemporánea, máxime si se recuerda la correspondiente mención al referirse a las piernas.
Nada dicen los estándares, los autores y articulistas sobre el carácter o la conformación psíquica de nuestro perro.
Ante tema de tanta importancia no queremos dejar de dar nuestra opinión.
El Dogo Argentino, como buen perro de caza mayor, no debe ser de manera alguna agresiva. Por el contrario, ha de ser manso y si es posible amable con los amigos de su amo.
Sólo en caso de ataque directo a sus seres queridos o por orden de estos debe agredir al atacante o luchar contra el indicado.
Su condición de animal cariñoso y amable ha de manifestarse al contactos con os niños, teniendo para con estos una tolerancia extrema.
En base de una educación impartida sin violencia y desde temprana edad, ha de frenar su natural instinto de pelea hacia otros animales y casi ignorar a los que no son objeto de cacerías o incompatibles con sus tareas de preservador de las depredaciones del agro.
Debe conducirse como un perro de jauría que es, integrándose a esos quipos caninos compuestos por él y otros perros y obedecer con humildad las órdenes del cazador aún en los momentos más difíciles. La obediencia y el ser humilde, condiciones esenciales del buen Dogo, le harán más útil y le prolongarán su vida, que de por sí arriesga muchas veces en demasía.
Pero toda la mesura y obediencia deben estar al servicio de una comitiva utilidad, y una vez en la lucha contra sus enemigos, como lo son el jabalí, el puma, etc., ha de transformarse en inquebrantable ferocidad que no cesará hasta ver doblegado completamente a su opositor, no cediendo ni aún ante las heridas que recibirá más de una vez en el fragor de la pelea. Jamás ha de desvirtuar su fama de ser valiente hasta ofrendar su vida antes de ceder.
Estas condiciones expresadas han de exigirse, naturalmente, en los animales adultos, no pudiéndose pretenderse igual grado en los bisoños a los que, inclusive, pruebas demasiado severas llevadas a cabo con apresuramiento pueden atentar contra su futuro, que siempre es provisor en esta raza, ya que el valor y la acometividad hacia sus opositores van prendida en la naturaleza de sus entrañas.
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